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Historias Cortas

 

Estas son historias acerca de lo cotidiano de la vida, a veces se le suele llamar moraleja, otras veces ficción, pero lo que si es cierto, es que nada tienen que envidiarle a la realidad

Puede que interese leerlas, también puede que no, realmente no importa, ya que no es mi intención ni siquiera que quien las lea haga un examen de conciencia.

Una ínfima parte de nuestra existencia se debe a sucesos imprevistos,pero la gran mayoría de los resultados de nuestra vida, están basados en nuestras propias decisiones.

Por eso, no importa si no son del agrado de usted,(estoy acostumbrado a no agradarle a nadie) ya que incluso puede que algunas sean solo ficción. Pero ¿Cuál puede ser real?. ¿Cuál puede ser ficción?.

Se sorprendería usted, de verdad que se sorprendería de la magnitud que puede llegar a tener la hipocresía, el orgullo, la soberbia, el odio. ¿Y el amor?. Preguntará usted. ¿Que es eso?. Diré yo.

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H1.01

En tu corazón un día

En un lejano pueblo, muy cerca de donde vosotros vivís, donde la gente era respetuosa de las leyes, decentes, en una de sus calles, no recuerdo cual, vivía una chica con su abuela, (señora de edad indefinida pero al verla, cualquiera vería que había vivido mucho).

Su nieta, chica joven, como mucho tendría diecisiete años, negro sus ojos, de figura fina.

Una vez a la semana, precisamente los Sábados al atardecer, la veían como salía de casa y encaminaba sus pasos a las afueras del pueblo, deteniéndose a la orilla del camino que lo rodeaba, y allí se quedaba esperando.

Las señoras del pueblo veían como después de un rato, se detenía un camión, se abría la puerta, la chica subía -- Algunos veían como esta abrazaba y besaba al conductor, luego marchaban y se perdían en el atardecer, solo dejando una nube de humo y polvo que tardaba en desvanecerse.

A las dos horas el camión volvía, se abría la puerta, bajaba la chica, el camión se iba, y la chica se quedaba mirándo hasta que la nube de humo y polvo se desvanecía. Luego cabizbaja, lentamente encaminaba sus pasos a casa de su abuela.

Así pasó más de un año, cada Sábado, la misma chica, el mismo camión, la misma puerta que se abre, el mismo conductor, el mismo abrazo, el mismo beso y la misma nube de humo y polvo que se desvanece.

Algunas señoras comentaban: "Pobre muchacha, debe tener mucha necesidad para tener que hacer eso". Otras, decentes ellas, decían: "No podemos consentirlo, y en nuestro pueblo, y ante nosotras". Mas otras añadían: "Tendremos que reunirnos para decidir que hacemos". "¡Qué descaro!. Con el cura hay que hablar".

Se supo, por no se sabe quien, que de los hombres del pueblo, mas de alguno le ofreció a la chica dinero, para que le hiciera no se sabe que favores. La chica ya no hablaba, ya no sonreía, ni siquiera salía de casa, solo ese día, Sábado al atardecer.

Un día, uno de tantos días, algunas señoras vieron como la chica encaminaba sus pasos a las afueras del pueblo.--Pero no era Sábado, tampoco era al atardecer. "¡Cómo es posible!": Dijo una mujer, y añadió: "¿Es que ya no se conforma esta muchacha?". "Ahora no se podrá negar", decían los hombres del pueblo.

Vieron como la chica llegó al camino, y no era Sábado, tampoco era al atardecer, alguien vió que no se detenía donde siempre lo hacía, sino que cruzaba el camino y se internaba en el prado por donde pasaba el río.

Dos días mas tarde la encontraron, colgada del puente que mas allá del camino, cruzaba el río.

Cuando la fueron a enterrar, en el cementerio a las afueras del pueblo, a la orilla del camino, toda la gente del pueblo asistió, algunos a regañadientes, otros, por que había que estar, otros para saludarse, ya que poco se veían, y uno que otro, por que era un acontecimiento, ya que en el pueblo nunca pasaba nada.

Los hombres, todos los del pueblo, todos ellos, resignados, lamentándose en sus corazones de no haber podido obtener de la chica los favores que tanto habían deseado, (Pero hablándo entre ellos, cada uno se vanagloriaba de haberlos obtenido).

Mientras todos, tanto hombres como mujeres se decían de si mismos, lo buenos y honestos que eran, lo dignos y honrados, escucharon un ruido,--intrigados dirigiéndo las miradas al camino vieron, que se detenía un camión, el mismo camión, el mismo conductor."¡Qué descaro¡", exclamaron algunas señoras, "Presentarse aquí". Otra dijo: "¡No hay respeto!".

Todos vieron como se habría la puerta, no la misma puerta, si no la del conductor, y bajaba un hombre de mediana estatura con fino bigote.

Algunos vieron, que en su mano llevaba una flor, "¡Inconcebible!" decían las mujeres, "Tendremos que reunirnos para decidir que hacemos". (las mismas que nunca se atrevieron). Hasta el cura del pueblo decía en su corazón: "Esto es un sacrilegio, tendré que informar". Hasta los hombres del pueblo decían: "¿Cómo es posible que esta muchacha estuviese con "esta cosa", cualquiera de nosotros es mas guapo que "esto".

Sin saber como ni porque, cuando el hombre dirigió sus pasos, acercándose lentamente a los allí reunidos, arrastrando los pies, casi encorvado, pareciendo mas pequeño aún, estos, todos, todos le abrieron camino.

El hombre se acercó cansadamente a la tumba de la chica, vieron todos como se arrodillaba, --algunos--como depositaba la flor que en su mano llevaba.

Las mujeres: sus bocas cerraron.

Los hombres: su corazón encogieron.

El cura del pueblo: quieto dejó su rosario.

Dos perros gruñendo por un hueso: dejaron de hacerlo.

El trinar de los pajarillos: cesó.

Hasta los árboles se inclinaron: para escuchar mejor.

Cuando todos--todos, hasta el mismísimo cielo escuchó al hombre decir:

"¿Porqué?...¿Porqué hija mía?".

"¿Qué va hacer ahora papá... sin ti?".

J.J.

 

H1.02

En el rincón de mi vida

Esta es la historia de un niño que nació deseado, rodeado de amor, su padre, un hombre mayor, su madre, una chica joven, cuando el niño tenía tres años ya para cuatro sus padres se separaron, ella, la madre, se marchó a vivir con otro chico, el padre, se quedó con el niño.

A seis meses ya, en que esta no veía al niño, llamó al padre, y le dijo: "Hecho de menos al niño. ¿puedo ir a verlo?". El padre, que cada vez que el niño le preguntaba por su mamá, le contestaba que estaba trabajando, le dijo: "Claro que puedes, eres su madre ¿no?", y te hecha mucho de menos.

Seis meses después

Yo, el niño digo:

Todas las vivencias, recuerdos y experiencias de los pocos años vividos, en que he aprendido a amar y a expresar lo que siento, lo resumo en esta frase que llevo en mi corazón: "¡Papá!. ¿Te he dicho hoy alguna vez que te quiero?. Si no te lo he dicho...¡Pues te quiero papá!".

No se si es correcto, quizás ya ni me interese saber si lo es, lo que si se, que es como dijo "una persona" que odia la hipocresía. "los sentimientos no se pueden dominar", (lo dijo mamá).

Si, no se pueden dominar, cuando acorralado de amargura, cada día que pasa, cada hora, cada minuto, cada segundo, solo pienso en ti, papá, y tu, en mis ojos ves como han tratado de forzar la puerta de mi corazón, y al mirarte, sin palabras te digo: "¡Me han despedazado papá!. ¡Me han amargado papá!. ¡Me han castigado papá!. ¡Me han obligado a decir que los quiero papá!. ¡Han roto mi corazón en mil pedazos papá!.

Pero como te dije un día muy bajito papá, cuando nadie nos seguía, cuando nadie nos escuchaba: "No han podido papá, por mas que lo han intentado, no han podido sacarte de mi corazón, mordisco a mordisco me han quitado hasta el derecho de decirte que te quiero solo para satisfacer su orgullo, su arrogancia, sus celos enfermizos convertidos en avaricia, dejándo que les coma el alma, secándo el corazón de toda bondad dejándo que poco a poco anide la maldad, chantajeándome, prohibiéndome, amenazándome, tratándo de manipular mi corazón, y aquí, en el rincón de mi vida, calladito y en silencio, como tu me enseñaste papá, te espero, para algún día decirte lo que todos los días tengo en el fondo intocable de mi vida:

"¡Papá!. ¿Te he dicho hoy alguna vez que te quiero?". Y tu vuelvas a decirme: "No pequeño, pero ahora si". Y yo te conteste: "Pues te quiero papá".

Hola mamá

No se si en este momento te has dado cuenta por fin de lo que has hecho con tu corazón, de lo que has hecho con tu vida, pero debes saber mamá que siempre te he querido tanto como a papá, aunque tu no hayas querido creerme.

Se, que la amargura de pensar, que yo quería mas a papá que a ti, es lo que te ha llevado a llenar tu corazón de celos, insoportables celos que no te han dejado vivir.

Poco a poco has dejado que esos celos se conviertan en avaricia, y como para ti, parece que era una guerra donde todo vale, no dudaste en quitar toda bondad de tu corazón hacia mi.

Se te ha llenado el corazón de maldad mamá, si mamá, mucha maldad, y tu lo sabes, escudándote en "lo hago por mi hijo", aterrorizándo mi corazón con amenazas, con tus: "Si le das besos a papá cuando te va a buscar al colegio, y no le das besos a mamá, entonces tampoco le tienes que dar besos a papá.

Que fácil es recordar tus palabras mamá, están ahí, en el rincón de mi vida, ese en el que no has podido entrar.

Has creído que destrozándo mi corazón, podías hacerme olvidar todo lo que me habéis hecho tu y tu compañero, que podíais hacerme olvidar también a papá, pero en vuestra maldad habéis sido muy negligentes.

Me habéis subestimado, porque sabiendo yo, que lo primero que haríais sería ir a por mis sentimientos, es que guardé a papá en lo mas profundo de mi corazón, en ese rincón al que puede entrar solo quien tiene las llaves que yo le entregué.

¿Dónde están tus amigas mamá?. ¿Las que te aconsejaban como torturar mi corazón?. ¿Las que de la habitación en que yo me encontraba les escuchaba decirte: "Utiliza al niño, ponlo en contra de su padre, te lo digo yo que he hecho lo mismo, y ya ves, soy una ganadora.

En el rincón de mi vida, papá está junto a mi.

En el rincón de la tuya, yo estoy de rodillas y cara a la pared, mamá.

J.J.

 

H1.03

En el rincón de mi vida y un muro mas

Esta es la historia de un niño que nació deseado, pero que no debió nacer.

Las palabras mas hermosas que en toda su corta vida había dicho, se convertían en las cadenas que aprisionaban su corazón.

¡Papá!. "¿Te he dicho hoy alguna vez que te quiero?.

Esas fueron las palabras que provocaron el odio hacia él de una de las personas que él mas amaba.

Tres meses después de los seis meses.

Yo el niño digo:

Hola mamá:

Esta es la segunda carta que te escribo desde el rincón de mi vida. ¿Te acuerdas de esas palabras mamá?. Tú estabas presente cuando se las dije a papá, y te las iba a decir a ti también, pero no esperaste mamá, inmediatamente te pusiste en pié, y me dijiste con una voz que yo nunca había escuchado de ti: "¡Y yó qué!. ¿A mi no me dices nada?. ¿Acaso no soy tu madre?. Me asusté mamá, y cerré mis ojitos, bajé mi cabecita y salí de la sala, y lloré, y lloré mamá, pero lloré calladito para que no me escuchara nadie.

Y papá fue a decirme que no me preocupara, que seguramente lo habías dicho en broma, que volviera y te dijera lo mismo que le dije a el, pero no pude mamá, tenía miedo, y tu te fuiste enfadada a tu casa donde tu compañero.

Ese día mamá, empezé a sentir la presión de las cadenas en mi corazón, ya te lo dije en la carta anterior mamá.

Ahora después de nueve hojas de calendario mamá te sientes ganadora, orgullosa, arrogante, altiva de haberme quitado a papá.

Muy bien aconsejada, manipulaste cada detalle junto a tus consejeros, amigas, familia, colegio, abogados, radio, televisión, jueces, y toda la ciudad donde vivíamos, todos te apoyaron porque fuiste como te dijeron que fueses, como una pobre víctima.

¿Te acuerdas mamá, que estabamos tu y yo quince días juntos, y los otros quince días yo y papá juntos?. ¿Te acuerdas que ese era el arreglo que hicimos los tres?. Si yo estaba con papá, tu me ibas a buscar, si yo estaba contigo, el me iba a buscar?. Y en el colegio tenían el calendario de los días que me tenías que ir a buscar tú y los días que me tenía que ir a buscar papá, ¿Te acuerdas mamá?.

Pero estabas muy bien aconsejada, porque cuando tenías que ir a dejarme donde papá, lo llamabas diciéndole que estabas haciendo una colada o limpiando la casa, que por favor me llevara él a tú casa.

Así le hacías creer a los vecinos que era papá el que me iba a dejar, por eso todos creían que yo solo vivía contigo.

Que bien te aconsejaron mamá, corazón lleno de odio, lleno de arrogancia, lleno de maldad. Y te reías y lo festejabas con tus amigas, hasta que esperaste el tiempo oportuno, y muy bien apoyada fuiste a los tribunales y denunciaste a papá de que me quería secuestrar.

Odio enraizado en lo mas profundo de tu corazón, y te aprovechaste de las desgracias de otras mamás, y te aprovechaste del dolor de otras mamás para sacar provecho de ello, y acusaste a papá de que te maltrataba, de que me maltrataba a mi, de que había entrado a tu casa a robar, te aliaste con la mujer que trabajaba con papá, la "novia" de papá, y que él había despedido, y ella fue y denunció a papá de violación.

Y cuando a mi me obligaron a estar con papá solo dos horas a la semana, tú te reíste en su cara, pero no mamá, tú no te reíste de él, te reíste de mi.

Pero ni aún así quedaste conforme, recuerdo que un día le dijiste a papá delante de mi: "¡Te voy a machacar!. ¡Te voy a arruinar!. ¡Te voy a destruir!".

Pobre mamá, tenías un pan sobre la mesa, y te has puesto a pelear con los perro hambrientos, (el odio, la avaricia, la soberbia y toda una jauría) por las migajas del suelo, no importándote ser mordida por ellos.

Hoy, tres meses después de los seis meses después, otro muro se levanta ante mi, y siguen las palabras de papá resonándo en mi corazón:

"Déjala pequeño, es que mamá solo está triste y confundida".

Pero papá miente, mamá.

En el rincón de mi vida papá está junto a mi.

En el rincón de la tuya, yo estoy de rodillas y cara a la pared, mamá.

J.J.

 

H1.04

En el rincón de mi vida y dos muros mas

Esta es la historia de un niño que al nacer lloró, pero no como todos, lloró de dolor.

Tres meses después de los tres meses posteriores a los seis meses.

Hola mamá

¿Sabes mamá? Cuando papá te mira al igual que yo, siente pena por ti, no es que él recuerde los tiempos bonitos, no, cuando papá te mira, ve como has perdido la felicidad, como poco a poco te has ido hundiendo en tu amargura y tu odio.

Y yo no os importo nada a vosotros, porque a vosotros solo os importa el odio que nos tenéis a papá y a mi. Os habéis convencido tanto de vuestras mentiras, de vuestras hipocresías, que ya no sabéis distinguir la verdad de la mentira, por eso espero tranquilo a papá, porque el me va a defender de vuestra maldad, porque podréis engañar a todos, pero poco a poco os váis dando cuenta de que a papá y a mi, jamás nos habéis engañado, porque los demás no podran ver lo que cubrís con vuestras vestimentas, pero yo y papá, auque os cubráis con el mundo entero siempre os vemos desnudos ante vuestra maldad.

Me habéis robado a mi papá, y cuando a papá le rechazan alguna prueba en los tribunales, escuchamos vuestra sarcástica risa, muecas empobrecidas por vuestro odio, y nos seguís dando pena, nos seguís dando lástima, pero no pena, pero no lástima de la que se siente por alguien que se llena de maldad por ignorancia, sino pena y lástima de la maldad basada en vuestro propio odio, el que nos tenéis, por que solo quien odia como vosotros nos odiáis, son capaces de destrozar mi corazón y darselo a los cerdos para que se lo coman, pero a tu compañero y a ti os diré:Aún los cerdos tienen mas piedad de mi que vosotros, y han visto mi tristeza, y han guardado mi corazón, y les dáis pena, y le dáis lástima, pero no pena, pero no lástima de la que se siente por alguien que se llena de maldad solo por ignorancia.

Por los alrededores de la ciudad en que vivimos existe un refrán mamá, y dice: "No me importa perder un ojo, con tal de dejarte ciego". Así sóis vosotros mamá, así sóis, cobardes e hipócritas.

Yo no pertenezco a vuestro mundo, yo pertenezco al mío, ni siquiera pertenezco al mundo de papá, porque yo tengo mi propio mundo, mi propio lugar, porque yo tengo nombre, mi propio nombre, y aunque forme parte de vuestros mundos, yo tengo el mío, y a el entra quien yo quiero que entre, nadie fuerza mi puerta, y solo se abre a quien me muestra amor, se abre a quien me dice: "Yo estoy aquí pequeño, para que me cuentes tu tristeza".

Me gustaría decirte que pares, que detengas ya ese odio, que no solo me está destruyendo a mi, que también está destruyendo tu propio mundo, pero... Ya no quiero decírtelo, porque se que no valdría de nada, y porque estoy muy ocupado, esperando a papá.

Se que todo el odio con el que has estado llenando tu corazón, será tu propia paga, y escucharás de mis labios decir: "Pobre mamá", y de la boca de papá saldrá un: "Pobre mujer". Y en el atardecer de tu vida querrás pedir piedad y perdón a la vida, y esta te contestará: "Si, te perdono, pero te perdono con la misma piedad con la que tu has juzgado a tu hijo". Y mirarás para todos lados, y buscarás a quienes te han apoyado en tus mentiras, y otra vez levantarás tu dedo diciendo: "Pobrecita de mi, soy una víctima", pero ya nadie te creerá, porque habrán conocido tu maldad, se habrán dado cuenta de que ya no puedes esconderla, y dirán que te has aprovechado de la "ley", de la "justicia", de "ellos", que son otras "víctimas mas", pero ellos no querrán reconocer que te han apoyado en tu maldad, y como siempre esconderán la verdad.

Sabes que has ido demasiado lejos, que ya no puedes ni debes volver atrás, porque sería la vergüenza mas grande de tu vida tener que reconocer tus mentiras, tus celos y tu maldad. Si hasta tus consejeros mas cercanos están preocupados de haber llegado tan lejos, porque ellos siempre han tenido por parte contraria a cobardes, que han preferido perder a sus hijos antes que su modo de vida, que se han conformado con "pagar una pensión" y olvidarse de sus hijos.

¿Te está resultando muy difícil destruír a papá, mamá?. ¿Te está costando mucho mamá?.

A papá no le haces nada mamá, es a mi al que me estás destruyendo, y la vida te lo cobrará mamá, y le llorarás a la vida, y le dirás: "Lo hacía por el bien de mi hijo", y la vida te responderá: "Yo también lo hago por el bien de tu hijo".

Condenáis mi amor a papá

Condenáis mi vida

Condenáis mi felicidad

Conddenáis mi futuro

Condenáis mi corazón

Me decís a quien debo amar

Me decís a quien debo mirar

Me decís a quien debo hablar

Me decís a quien debo llorar

Me decís a quien debo reír

Condenáis a papá porque tenéis miedo de llegar a amar como el me ama

Condenáis a papá por amarme, por quererme como el me quiere

Condenáis a papá porque jamás se a humillado ante nadie

Vacíos de espíritu, es lo que sóis, os arrodilláis ante vuestra ignorancia pidiéndole sabiduría, y ella os concede todo lo que le pedís,--mas ignorancia

Podéis condenarme también por haber osado amar a papá como solo yo se hacerlo, pero no os rogaré, no os suplicaré no os pediré nada, y como me enseñó papá, callaré y esperaré, y aunque esté de rodillas cara a la pared, donde me habéis obligado a estar, esconderé mi llanto, y cerraré mis ojos, y en el rincón de mi vida, calladito le diré a papá: "Papá. ¿Te he dicho hoy alguna vez que te quiero?. ¡Pues te quiero papá!.

En el rincón de mi vida, papá está junto a mi

En el rincón de la tuya, yo estoy de rodillas y cara a la pared, mamá.

J.J.

 

H1.05

En el rincón de mi vida y tres muros mas

Yo el niño digo

Esta es la historia, que no tenía que existir... Déjame a mi responder pequeño mío.

"Si, papá, hazlo tú, por que a mi no me escuchan". Pero papá. Si a mi no me escuchan, que soy pequeñito. ¿Cómo te van a escuchar a tí?.

No te preocupes pequeño, no importa si no quieren escuchar ahora, ya lo harán a su debido tiempo, cuando estén de rodillas, cara a la pared, pidiéndole perdón a la vida.

Tres meses después de los tres meses mas, después de los seis meses.

Yo papá digo

Seguramente puede que alguien piense que la desazón me pueda dominar, pero ¡Qué raro!, es como si se renovaran mis fuerzas para seguir luchando en contra de la adversidad y el tumulto acicateado por la ignorancia.

La fijeza de mi corazón en mi hijo, en mi pequeño muchachito, provoca en mi mente y en mi cuerpo mas que una sensación, una realidad, llena de inmensa energía, que no vacila ni por un segundo en decir: "¡Aquí está papá, pequeño mío!".

Esperándo, eperándo que caigan las máscaras de piedad, las máscaras de victimismo con las que cubren su maldad. "Quién siembra estirándo la mano hacia atrás, fuerte crecerán sus trigales, quién siembra hacia adelante, aplasta su propia cosecha".

Piedras en mi camino han hecho rodar quienes han escondido su mano, amparados por las sombras grises de unos pilares de las plazas, como si con ello me hiciesen temblar las rodillas, subestimando - otra vez - la fuerza que me da tu amor, se lanzan como perros rabiosos a morder mi yugular, sin importarles que estés abrazado a mí, apoyando tu cabecita en mi hombro, creyéndo que estoy dormido. ¿Perros rabiosos dije?. ¡Borregos es lo que sóis!., que váis donde os dicen que vayáis, acostumbrados a llevar las manos escondidas, empuñando dagas invisibles que no sois capaces ni siquiera de enseñar, y huís como huyen solo los cobardes, pero os acercáis solo cuando sois muchos, ni aunque fueseis millares podríais enfrentaros a la fuerza de mi amor por mi pequeño muchachito.

Testigos sois todos de vuestra propia maldad, de vuestros propios deseos. ¡Satisfaced vuestra soberbia!. ¡Satisfaced vuestro orgullo!. ¡Satisfaced vuestra arrogancia!. Vuestras máscaras caerán tal como se desprende el hielo escarchado que se apega a las sombras de la noche, rogándo que por la mañana no salga el sol.

Mi pequeño y yo, satisfacemos vuestra lujuria mental cuando os sentáis a comer, cuando os sentáis a cenar, y os saciáis con vuestro propio odio, y os creéis ricos, y os creéis poderosos, mas, cuando os encontráis solos en las letrinas de vuestros tugurios, decís en silencio, para que nadie escuche ni sepa vuestra verdad. ¡Que desgraciada (o) soy.

¡Arriba hombres!. ¡Arriba mujeres!. Cantad vuestra canción de triunfo, no la olvidéis, repetid todos juntos antes de que amanezca y salga el sol. "¡ Que buenos somos !". ¡Vamos pueblo!. ¡Aclamad a vuestro señor!. Que vuestro dios sepa que sois dignos hijos de vuestra madre, no lo defraudéis, que el orgullo, esposo de la ignorancia, vuestros dioses son, por si no lo sabéis.

Hoy, cualquier día, cualquier año, veo la gran amargura que sentís, pobres víctimas de toda la vida, en vez de tomar vuestro ganar con serenidad, ese ganar que la vida os está ofreciendo, lo que hacéis es sacar del fondo de vuestro corazón, solo odio.

Odio enraizado en lo mas profundo de vuestra existencia, solo con ansias de venganza, solo para destruír, y confundís el luchar por algo con el luchar contra alguien, y llenas de soberbia hacéis gala de vuestra maldad, esa misma que habéis estado acunando, arrullando desde el principio de vuestra existencia.

Os burláis de la paciencia, os burláis de la mirada tolerante, y las confundís con debilidad, y cuando empezáis una mentira, os dáis cuenta de que no podéis volver atrás por mas que queráis, y seguís adelante poniéndo mas y mas mentiras, construyéndo una montaña de falsedades, tratándo de querer así cubrir vuestra maldad.

Todos saben que vivís mintiendo, y lo único que esperan es saber cuando por casualidad se os escapa una verdad, y al mundo enseñais vuestro victimismo, y lo declaráis en las esquinas de las calles, pero cuando estáis a solas, os regocijáis en vuestra maldad, haciendo caso omiso a las advertencias que os da la vida.

Mientras no os importa destruír decís: "Se que pagaré lo que estoy haciendo, pero trataré de que sea lo mas tarde posible".

Pobres ilusas, no os importa destruír lo que decís que mas amáis con tal de satisfacer vuestra soberbia, torbellino de odio sóis, rugís como ruge la tempestad herida por los rayos del Sol, y os disolvéis en vuestra presuntuosidad, en vuestra altanería, en vuestro orgullo, en vuestra falsa piedad, en vuestro falso gimoteo, en vuestra hipocresía.

La ignorante puede saber que lo es, pero la tonta no lo sabe, y la necia no lo cree. Pero vuestra maldad no es ni ignorante ni tonta ni necia, sencillamente es maldad.

Vuestra insidia, la que preparáis en la oscuridad de vuestra soledad cautelosamente solo para hacer daño, capciosas, que usáis ese engaño para cautivar a otros y que os crean vuestras mentiras.

Despreciáis la bondad que se os brinda, pero después de haberla bebido, de haberla tragado, de haberla digerido, de haberos satisfecho de ella, entonces, la despreciáis, y con toda vuestra arrogancia decís : "Me siento sola y vacía".

¡Mirad en vuestros corazones!. ¡Sacad lo bueno que tenéis!. Por que os aseguro que lo tenéis, solo necesitáis comprenderlo.

Pero ¡No queréis!. ¿No es cierto?.

Os digo: Vosotros, hacedores de la "justicia", ya no tenéis argumentos, por eso comenzáis a utilizar la fuerza, --una de las tres armas con las que se visten la ignorancia y el prejuicio-- no sois capaces de poner las cartas sobre la mesa, estáis aterrorizados de que un pobre diablo como yo os obligue a sacar lo que tenéis en vuestros corazones, y ahora vosotros también comenzáis a sentiros "víctimas". Ahora también soy peligroso para vosotros.

¿Porqué?--¿Porque llevo la verdad?--¿Porque pongo delante vuestro argumentos a los que no podéis hacerle frente?.

¿Acaso veis con temor en mi boca la "aguja" con la que hago estallar la burbuja en la que os encontráis?.

¡Os escondéis en vuestros tugurios, rezumando vuestra propia amargura!. Y contestáis con el desprecio --una de las tres armas con la que se visten la ignorancia y el prejuicio--pero pobres vosotros-- no podéis conteneros, y tenéis que abanderar vuestro desprecio hacia la verdad con un (también vosotros). "¡¡Pobrecitos de nosotros!!". O con un "¡¡Ya le vale!!".

¿Que os molesta de mi?-¿Que defienda a mi hijo utilizándo vuestras propias leyes?. ¿O lo que de verdad os molesta, es haber caído del pedestal?. De hecho os digo: Nada he hecho yo para que cayerais, lo habéis hecho vosotros solos, vosotros mismos habéis tambaleado en vuestro pedestal de "justicia", y os habéis dado cuenta de que el pedestal en el que os encontráis, solo es un montón de estiercol, y tratáis de apoyar los pies en el para manteneros erguidos, pero vais notando que poco a poco os váis hundiendo con el, y sacáis de vuestros corazones lo que es inherente a todo ser humano, que también forma parte de vosotros.

También el orgullo es vuestro, también la arrogancia os pertenece, también la soberbia forma parte de vuestros corazones, esas mismas, que subidos en ese pedestal de "leyes" con la "justicia" de vuestros corazones por bandera, queréis impedir que los demás tengan.

No os dáis cuenta, que si forman parte del ser humano, también vosotros las tenéis, asi que: ¿Cómo podéis juzgar con justicia?.-¿Cómo podéis juzgar con verdad?.

Pero en vuestros tugurios, a solas con vosotros mismos, sentados allí, para que no se os canse el alma, os justificáis, y decís para vosotros mismos. --¡Que buenos y justos somos!--.

Tan ocupados estáis en vuestra soberbia, que cuando salís de vuestro cuarto de defecación, y dirigís vuestros pasos a vuestro cuarto, en el que os tumbáis ya cargada la noche, os olvidáis que entre vuestra letrina donde defecáis vuestra amargura, y el cuarto donde hacéis descansar vuestro orgullo, hay un cuarto pequeño, ornamentados con recuerdos, donde duermen vuestros hijos, que para vosotros, también son recuerdos.

Y pasáis de largo, porque no os atrevéis a levantar la cabeza, y vuestras manos no tiemblan, y vosotros creéis que es "seguridad", pero la verdad es que vuestras manos no tienen la fuerza para abrir esa puerta, y vuestra lengua se esconde en lo profundo de vuestra garganta, adherida a ella por no saber decir un ¡Te quiero!. Y vuestros corazones tiemblan de tan solo pensar en ello.

Y allí es donde se refleja vuestro corazón, allí es donde se refleja vuestra pobreza, y seguís inclinando la cabeza, y siguen vuestras manos sin tener la fuerza para abrir esa puerta del cuarto de vuestros hijos, y seguís callándo, y vuestros hijos siguen esperando solo dos palabras que nunca os atrevéis a pronunciar, y vuestras manos, mustias y secas, con uñas ennegrecidas de tanto hurgar en vuestro corazón, buscándo, buscándo sin poder encontrar esa "justicia" que decís tener y... pasáis de largo, diciéndo en vuestros corazones, (solo para calmar vuestra atormentada vida) "estarán durmiendo ¿Para qué molestarlos?".

Y ni siquiera os dáis cuenta de que ellos--vuestros propios hijos-- llevan interminables minutos con sus ojitos llorosos fijos en esa puerta esperando...siempre esperando, que se abra suavemente y que entren aquellos a quienes mas aman, y recibir en su mejilla, la suavidad parecida al terciopelo, de esa mano fresca que acaricia su alma, y escuchar en su corazón las palabras mas hermosas que alguien pueda en vida escuchar...¡Te quiero hijo mío!.

Pero ¡Qué digo!. Si ya cuando no tenéis argumentos, comenzáis a utilizar la burla, una de las tres armas con las que se viste la ignorancia y el prejuicio, y decís:

"Está loco", y así os disculpáis, y así os escondéis de vuestra falta de argumentos, por que ya no los tenéis, ya no podéis siquiera vanagloriaros de vuestra justicia, porque la habéis traspasado vosotros mismos, y sale a la luz lo que realmente hay en vuestros corazones, y os dáis cuenta de que jamás habéis podido discernir el espíritu que hay como base de la ley.

Sí, esa misma de la que decís ser garantes, esa misma a la que decís que defendéis, y ante la verdad, no os queda mas que inclinar la cabeza, y aunque estéis encaramados en un estrado con la magnificencia de los poderosos, no podéis ocultar ante mi hijo vuestra cabeza inclinada.

Y sentís como se secan vuestros huesos, como se comprime vuestro corazón, como caen de su lugar vuestros riñones, y cerráis la puerta a mis argumentos, y así como el agua desgasta a las mismísimas piedras, gota a gota váis dejándolas caer sobre el corazón de mi hijo, creyéndo en vuestra arrogancia, que así disolvéis el amor que me tiene, y subvertís vuestro propio juicio solo para satisfacer vuestro orgullo, cubierto con un fino tejido de seda a la que le llamáis "justicia", y la vendéis como si fuese el regalo mas preciado.

Llegáis incluso hasta poner vuestros nombres con mayúsculas, y lo ornamentáis antes y después, para que todo el de condición humilde que se acerque a vosotros con esperanza y la verdad en su corazón; ¡Vosotros! con vuestra injusticia, le cerráis la boca, mas en la sombra profunda de mis párpados, donde guardo toda vuestra "justicia", para que no empañe y nuble mis ojos, y puedan estos estar ante vosotros siempre limpios, para que vosotros, amadores de si mismos, os sintáis ante ellos confundidos.

" Oye papá". ¿Cuándo vendrás para que me ponga en pié?.

"Te espero papá".

En el rincón de mi vida, papá está junto a mí.

En el rincón de la tuya, estoy de rodillas y cara a la pared, mamá.

J.J.

 

H1.06

Amiga mía

¿Sorprendida quizás, de que te escriba esta carta?

Disculpa entonces, no he querido molestarte, es que el fuego de mis desdichas está abrazándo mis entrañas.

Solo quería escribirte esta, porque eres mi única amiga, y agradecer tus consejos, los que un día me diste. ¿Te acuerdas de aquellos? ¿De lo que dijiste?. ¿De lo mucho que sufrías?. ¿Del dolor que tu sentías?.

Dirás que me arrepiento de no seguir tus consejos, que incluso habré perdido hasta mis propios sueños.

Que eras mi amiga, dijiste. Que tú sabías de eso, que fuera llorando y gimiendo, que así era el proceso.

Por eso te escribo hoy, para contarte lo de ayer.

Y les dije a los presentes: ¡Gracias por venir!, pero a mis sentimientos añado un dolor escondido, el saber lo que sufrís de los que una vez os amaron, que con vosotras la risa compartieron, y con vosotras también el llanto, que una vez luchásteis juntos, que hasta el firmamento temblaba cuando rozábais vuestras manos, que solo vosotras escuchábais las palabras de esas cómplices miradas.

Vosotras, que fuísteis amadas como nunca os habían amado, vosotras que un día dijisteis.. ¡Para toda la vida!.

Pero un día cualquiera, o un cualquier día, en lo más profundo de vuestro corazón, algo se rompió.

Un chasquido; Un requiebro de la vida; Un dolor; y después muchos pequeños dolores.

Por amor; hasta el amargo ajenjo puedo beber sonriéndo a quién amo.

Por amor,... Por amor,... Por amor,...Tristeza, ¡Que profunda tristeza!.

Muros que encarcelan, desvaneciendo ilusiones, prado que se marchita, no importando cuanta agua vertáis.

Y pasan los momentos, y pasa el tiempo, unas leen meses, otras leen años, otras... la vida entera, y ¡Nunca! decís en vuestros corazones...volverá a mi el amor.

Ya no es profunda tristeza, ya es amargo dolor, y desde lo mas profundo de vuestra vida, tímidamente comenzáis a llorar, y váis alzándo poco a poco vuestro llanto, para que también escuchen los demás.

Que escuchen aquellos que no saben.

Que escuchen aquellos que ignoran.

Que escuchen aquellos que nunca han vivido.

Lloro mi dolor. ¡Escúchame por favor!.

Lloro mi angustia. ¡Escúchame por favor!.

Mi cuerpo grita... Mi cuerpo llama. ¡Escúchame por favor!.

Mi vida grita... Mi vida clama. ¡Escúchame por favor!.

Silencio... tanto silencio, y mi pena muriendo. ¿Porqué no me escucháis?. ¿Porqué no ois mi llanto?.

¿Acaso no creéis lo que os digo?. ¿Porqué no me creéis?. ¿Es porque han ido tantas a vosotros con llanto y mentiras?.

Por eso a mi, no me creéis. Si, ¡Yo si soy una maltratada!. ¡Yo si soy una víctima!. Pero esa es la razón. ¿No es cierto?.

¡Escuchádme!. ¡Oíd por favor mis argumentos!. Yo no soy como esa amiga, la que vino a vosotros el otro día. ¡Por favor... creédme!... No soy como ella.

Yo no le prohíbo a mis hijos que besen a su padre.... Como me dijo que hacía ella.

Yo no le prohíbo a mis hijos, que corran a los brazos de su padre... Como me dijo que hacía ella.

Yo no cruzo la calle cuando voy con mis hijos y veo que se acerca su padre, prohibíendoles que le saluden... Como me dijo que hacía ella.

Yo no les susurro a mis hijos cuando están durmiendo, que no deben amar a su padre... Como me dijo que hacía ella.

Yo no soy la que les dice a mis hijos, que su padre no los quiere, y por eso no viene a verlos, mientras cierro puertas y ventanas para que ellos no vean como su padre se pasea nervioso e ilusionado, esperando el momento de besarlos con el amor que solo su padre puede darles... Como me dijo que hacía ella.

Triste angustia de mi corazón. ¿Cómo entonces voy a ser escuchada?. ¿Quién va a creer en mi angustioso silencio que habla con lágrimas?. ¿Quién, si tú, que dices ser mi amiga, has destrozado mis argumentos?.

¿A quién acudiré entonces por justicia, si tú ya has ido?.

¿Que haré entonces con mi dolor?.

¿Que haré entonces con mi pena?.

Silencio...Guardaré silencio... otra vez.

Y seguiré besando la mano... que abofetea mi amor.

Y seguiré besando la mano... que no acepta un error.

Y mientras lo haga, me acordaré de ti. Si, de tí, que también eres víctima... pero de tu propio odio.

Amiga mía.

J.J.

 

H1.07

Amigo mío

 

Hola amigo mío, te escribo esta para darte las gracias por los gratos momentos que pasamos juntos ese día en que nos encontramos en el bar, el que está en la esquina de la plaza del pueblo en que vives, después de irme, me propuse que a la menor oportunidad volvería y recorrería las calles recordando viejos momentos.

Te diré que el pasado fin de semana de Enero, así lo hice, sería alrededor de las siete y media de la tarde cuando como te decía, paseándo por la plaza, os ví.

Estábais sentados, tu señora esposa, tus dos hijos y tú, enrededor de esa mesa que ese bar suele instalar bajo el portal, me iba a acercar a saludaros, pero al veros allí juntos, disfrutando de unos refrescos, tú en realidad leyendo un periódico, tu señora esposa a la que recuerdo con cariño, aunque no la conozco, cuidando que uno de tus retoños no derramara el refresco y manchara su ropa, mientras el otro, estaba muy bien sentado, atento a tí.

No me acerqué, pero me senté en un banco frente a vosotros, de los que suelen estar instalados permanentemente alrededor de la plaza, y quedé embelesado, admirando la hermosa familia que componíais, y vinieron a mi mente recuerdos de cuando al salir del trabajo, nos reuníamos en ese mismo bar, y tu nos relatabas lo mucho que querías a tu esposa, y lo mucho que ella te quería, de como ella, al llegar tu a casa ya tenía la cena servida y a punto para que tu te deleitases saboreándola, de como amorosamente te planchaba las camisas, incluso se ocupaba de darles apresto, y nos contabas de como brillaba el suelo de tu hogar, y lógicamente siempre dispuesto tu programa favorito de deportes en la televisión.

También recuerdo que nos decías, que tenía los ojos mas hermosos que tu habías visto en tu vida, que sus labios carnosos y tiernos , era de los que te habías enamorado.

Esos mismos que a la luz de la farola que bañaba tenuemente la superficie de la mesa, y que por rara casualidad despedía, como si de un espejo se tratara, un fino haz de luz blanquecina posándose a un costado de su boca, precisamente en la comisura de sus labios, y comprobé, que lo que tú nos habías dicho era cierto.

Labios tiernos y carnosos, "probablemente" por efecto del reflejo de esa luz ya mortecina noté, que la parte izquierda de su boca, la que constantemente cubría con su mano, era un poco mas carnosa.

Incluso pude vislumbrar, (en un momento en que retiró su mano) que un hilillo de algún líquido oscuro, (sería parte de la bebida) iba recorriendo desde su boca a su barbilla un camino lento y sinuoso, (como un río, buscándo... como queriéndo encontrar un acantilado lo suficientemente profundo donde poder verter el arrollador caudal de que se componía), solo que me pareció (imaginaciones mias), que ya conocía el camino, posandose suavemente en una palpitante vena que en su fino cuello se agitaba entrecortadamente, como gimiéndo, como implorando, como diciéndo: "Abre tus puertas por favor, que yo no tenía que haber salido".

También recuerdo que con orgullo nos decías, que tus hijos eran tu vivo retrato, despiertos, traviesos, siempre jugando, inquiriendo de ti cualquier duda que podía aquejarles, "(Papá. ¿Porqué los pájaros vuelan?. Papá. ¿Porqué el cielo es azul?. Papá. ¿Porqué la lluvia moja?. Papá. ¿Porqué los perros no hablan?. Papá. ¿Porqué...?)".

Por eso también me sorprendió verlos sentados, tan quietos, casi sin moverse de sus sillas, cualquiera diría que eran los niños mejor educados de los alrededores.

Cuando ya estaba a punto de marcharme, algo me detuvo, vi que dejabas el periódico a un costado, y con un gesto protector, me recordó de cuando me dabas consejos (era joven yo), de como se debía amar a los hijos.

Como te digo, vi que alargabas tu mano, y con la palma de ella abierta la posabas "cariñosamente" en la mejilla de tu hijo el mayor, éste, seguramente acostumbrado a tus caricias, no cogió tu mano y la apegó mas aún a su mejilla, como lo suelen hacer mis pequeñas cuando yo las acaricio.

Si no que giró su pequeña cabecita, y al hacerlo me encontré con su mirada. ¡Qué ojos mas hermosos!...Jamás había visto ojos tan negros y tan profundos... Que lástima que durara un par de segundos, por que sin saber como, vi algo como un relámpago. ¡No! ¡Un huracán! que apareció de la nada, y envolviendo a tu retoño, en algo que parecía como un escudo, se interpuso entre tu mano "acariciadora" y la mejilla roja ya, de tu primera caricia, y lo cogió en sus brazos...

No pude saber lo que pasó después, por que en ese momento se acercaron a mi los tres tesoros de mi vida, (mis dos pequeñas y mi amada compañera), esa compañera que elegí para mis tiempos felices, pero que jamás me ha dejado solo en los tiempos de dificultad.

Por que ya sabes amigo mío, que mi economía nunca ha sido tan boyante como la tuya, pero como te decía yo en esos tiempos, "solo quiero una familia a quien amar".

Ahora me despediré de ti, deseándote tranquilidad en tu vida y una muy pronta recuperación del desgraciado accidente, (lo supe por el periódico) en que perdiste tus manos.

Agradeceré toda mi vida el haberte conocido, si no es por ti, padre amoroso con tus hijos, amante compañero de tu amante compañera, trabajador incansable, si no es por ti reitero, no habría encontrado los tesoros que tengo.

 

P.D.

La otra tarde fuimos, mi compañera, mis hijas y yo al parque, y nos encontramos con tu señora esposa junto a esos preciosos hijos que tenéis, estuvimos casi hasta el anochecer jugándo, riéndonos, saboreándo unos helados, y mientras tendidos en la hierba charlábamos de lo bonito que es vivir, y de lo justa que es a veces la vida, por fin... si, después de tanto tiempo, pude ver esos profundos ojos negros, de los que tú... amigo mío... un día te enamoraste.

Y vi, como tu hijo... el mayor, viva imagen tuya, alargaba su bracito y con la palma de su mano abierta, acariciaba con protectora ternura, la mejilla de su hermanito pequeño, y éste, con su mas pequeña manita, cogía la de su hermano mayor, y la apretaba hacia su mejilla... igual como hacen las mías cuando las acaricio yo.

 

Otra Post Data:

Estos veinte minutos que he tardado en ecribirte esta carta, es el tiempo que no he estado junto a mi familia.

Como tu comprenderás, (ya que así tu me lo enseñaste), he decidido nunca mas perder esos preciosos minutos en algo que como puedes ver, al final no tiene ninguna importancia.

J.J.

 

H1.08

Antes que tu nacieras

 

Hace mucho tiempo atrás, tanto, que ni hoy recuerdo el día, pero fue antes que tu nacieras.

Alguien, en ese momento se acercó a mi, y me dijo muy calladito, casi como un susurro: "Lo importante en la vida no es la meta a la que te propongas llegar sino el camino que coges para lograrla".

En ese momento no lo entendí, y por muchos años seguí sin entenderlo, hasta que un día, el día que desperté una mañana y vi, que me rodeaban ratas y cucarachas, el día que supe lo que era no ser nadie. Entonces lo entendí

El día que sentí pena de mi mismo, ese día encaramado, de cuclillas en mi letrina, escuchándo sordos gemidos que nunca se han olvidado, pero que acallo con las risas para que no me hagan mas daño, el día que la letrina se balanceaba, despegándose poco a poco del corroído muro en que estaba empotrada.

De esa letrina en que ya no eran mis manos solo las que a ella se aferraban, sino que ya era mi vida entera la que luchaba por no caer al agujero en el que se acumulaba el excremento de muchos otros cuartos,---- como recuerdo esos días--- quizás fueron pocos. Nunca lo supe.

Mas, para mi, fueron una eternidad. Ahí aprendí a apreciar, sin esperar ser apreciado. Ahí aprendí a respetar, sin esperar a ser respetado. Ahí supe de las armas que utilizan el prejuicio y la ignorancia, armas como. El desprecio. La burla. Los golpes.

Y me aferré a esa letrina sucia de excrementos, de tantos otros que estaban igual que yo, en otros cuartos, aferrados a sus propias letrinas.

¡Que dolor sentía en mis manos!. Sobre todo, cuando comenzaban a resbalar, pero yo no caía, recuerdo haber besado el oxidado hierro pero yo no caía, aferrándome a el como si fuera la vida, y colgado de los pies, con las manos a la espalda... mejor lo que viene... lo dejaré para otro día.

Ahora que ha pasado el tiempo, y recuerdo yo esos días, perdonadme vosotros, pero sigo aferrado al hierro... que me salvó la vida.

Se me condenó por cosas que nunca había hecho, y aprendí a callar, y mientras mis pies hervían vi, a poderosos derrumbarse, suplicándo por sus vidas.--y yo callaba.-- porque no sabía.-- y le pregunté a la vida. ¿Porqué?. ¿Porqué a mi?, y la vida no me respondía.

Y pasaban las horas, y yo no caía, y allí aprendí, de cuclillas, aferrado a esa letrina, a perderle el miedo, a la vida.

Quizás, antes de que tu nacieras supe, sin saber como, que tenía que estar aquí, para hablarte de la vida, no se la razón del porqué te lo cuento, quizás porque no te interesa, ya se que venías a mí, para escuchar que la vida es bella, pero no te preocupes -- no pido las vueltas -- Eso aprendí, mientras aferrado a la vida lloraba mis penas, y si de algo estoy seguro es, que no pido las vueltas.

Que siempre lloramos por nuestras heridas, que le decimos lo mal que nos trata la vida, y nos olvidamos que quién nuestro lamento escucha, también la vida va jugando con el. ¿. Quién de nosotros no quiere decir?. ¿Quién de nosotros no quiere llorar?.

Quizás antes de que tu nacieras, quizás antes de que llegaras a vivir, ya estuve yo, jugándole a la vida. Y hoy te toca a ti, lo que poder puedas.

Recuerdo a mis "amigos", que con pies corrían, olvidándo decirme, que por mi venían, no me despertaron mientras dormía, ojos asustados es lo que tenían, corazón encogido, huesos temblorosos, nunca tuvieron una letrina.

Hoy quiero recordar, hoy me apetece llorar, hoy por un momento me aferro a esa letrina, beso el oxidado hierro, y al igual que en esos días, lloro en silencio mi pena, y callo mis alegrías. Antes de que tu nacieras.-- Yo también vivía.--

Supe apreciar el surco que mi orina recorría, aprendí de que color era el miedo y llegué a saber como olía, fregándo suelos de celdas contiguas, pero siempre de rodillas.

¿Dónde estaban mi amigos, que sin mí huían?. Ya no importa, dicen que la vida... es la vida.

Ahora en esta etapa, con tantos años encima, florecen como rosas, escondiendo sus espinas, y se dicen mis amigos. ¡Oh, mi añorada letrina!.

Se muestran orgullosos de saber que existo, se muestran orgullosos, y se dicen mis amigos.

No me alabes compañero, ya te lo dije un día, yo, soy solo yo, y lo aprendí aferrado a una letrina, luchándo por no caer, porque en juego estaba mi vida.

Te pido no sigas usando, el dolor de mis heridas, para sacarle provecho, como si fuera tu vida, porque hoy cuando a golpearme, vuelve otra vez la vida, no necesito de "amigos", que hagan suyas mis heridas.

Si quieres te puedo contar, un poco más de mi vida, pero sería como darle, a un ladrón mi comida, esa que has estado robándo, de mi despensa vacía.

Deja ya de decir, que eres bueno y bondadoso, que el orgullo y la soberbia de gala siempre se visten, para engañar a sus presas.

Unos buscan y no encuentran, otros encuentran sin buscar. Tú... ¿Estás buscándo o encontrándo?. ¿O solo estás por estar?.

Ahora déjame tranquilo, ya no quiero hablar más, porque... ¿A qué viniste amigo?. ¿A preguntarme como estaba?.

Ya lo vez... la vida es bella... como todas las mañanas.

J.J.

 

H1.09

Mi Arroz

 

El raspadito de la olla

La maldad es parte del ser humano, y nadie lo puede negar, aunque much@s la tratan de esconder tras la máscara de la mojigatería

¡Oye Pepe!. Ven a comer.

Ya voy "mami"

Y me acerqué a mi lugar preferido, y me senté en la silla de madera donde en su respaldo solían estar colgados los "trapos" con los que se limpiaban las alacenas y con los que se secaban los utensilios de cocina, silla que, o ella era alta, o yo era muy pequeño.

Cogí la cuchara con mi mano izquierda mientras con la derecha cogía el asa de la olla para inclinarla lo suficiente y poder así raspar el arroz "quemadito" que había quedado en el fondo.

Siempre rogaba que mi "mami" me hubiese puesto la cuchara de metal, es que las de metal eran más fuertes que las "modernas" cucharas que tenían el mango de plástico, ya que las de metal no se doblaban.

Mientras mis otr@s "herman@s" estaban alrededor de la mesa del comedor, ya comiéndo ese "soso" arroz blanco, al que mi "mami" le había puesto un par de huevos fritos encima, adornándolos con una salsa roja, salsa que yo nunca había probado, (no me interesaba probarla).

No hacía mucho, yo había ido a comprar el pan, algo que mis "herman@s devoraban con ahínco, pan que a mi, realmente tampoco me interesaba comer, yo prefería el que tenía en ese momento dentro de mi boca, pan que sabroso como un chicle se revolvía entre mis dientes y mi paladar, si hasta sabor tenía.

Como me había tocado "poner" la mesa (como todos los días), en la que comían mis herman@s, yo sabía que en algún momento, cogerían sus vasos de cristal transparentes, y verterían en ellos, esa bebida tan dulce, llena de gas, que seguramente beberían con avidéz.

Yo prefería beber de esa agua pura transparente y cristalina que salía del grifo, (ese que se movía de izquierda a derecha) como queriéndo huir de ese fregadero.

¿Beber yo de esa relajante bebida del color de las cerezas?. ¿esas cerezas tiernas, cerezas sabrosas, llenas de carne, esas que se deshacían en mi boca, cuando me subía a lo más alto del árbol a contemplar las estrellas?.---Con cuidado que nadie me viera--

¿Beber yo de ella?. Ni pensarlo siquiera.

El comedor era amplio y espacioso, pero yo prefería estar aquí, ya me acompañaban en mi suculenta comida, el fregadero de loza vieja en el que se lavan los platos, la cocina, media de gas media de leña, el armario con sus despensas donde se guardaban los implementos (ollas, cucharas, cloro, etc.). Si. Me gusta estar aquí.

Cojo la cuchara, inclino la olla, veo al fondo una capa de arroz entre blanco y dorado, y me lanzo al ataque, mientras tanto, el chicle va alargándose por mi garganta para ir dejándo poco a poco espacio en mi boca.

Ese era mi momento de gloria, ese era solo mi momento, no le pertenecía a nadie más que a mí, los demás estaban engullendo esa "bazofia" de arroz blanco con huevos fritos untados de fresco y tierno pan recién comprado, mezclandolo en sus bocas con esa agua de color de las cerezas.

Si. Ese era mi lugar, por quince minutos, ese era mi mundo entero, ese era el cuarto en que soñaba, ese era el cuarto en que bebía mi agua cristalina y pura en ese cacharro que un día se vanagloriaba de ser de blanca porcelana, y que se estaba haciéndo viejo, ese era "mi arroz quemado", "mi raspadito de la olla".

Una y otra vez hendí la cuchara traspasándo esa capa de arroz entre blanco y dorado, y cuando desgajaba con la cuchara, raspándo hasta el fondo de la olla un buen trozo, me llenaba el corazón de alegría ver que debajo de esa capa entre blanca y dorada, la que estaba pegada al fondo de la olla, ese arroz entre blanco y dorado se transformaba en un marrón brillante, con mezcla de negro azabache.

¡Oye Pepe!

Si, "mami"

¿Ya terminaste de comer?

¡Ahora mismo termino!

¡Termina pronto para que vengas a recoger la mesa, y te lleves los platos a la cocina para lavarlos

Y pensar que a los demás se les olvida. Pero a mi... no. Pero son solo recuerdos, nada más que recuerdos

J.J.

a

Tal como habéis aplastado el corazón de mi hijo, así la vida aplastará el corazón de los vuestros
Demasiado peso el de la razón, para demasiada razón de peso